MI CUMPLEAÑOS

tuscany

 

Yo no quiero irme sin celebrar mi cumpleaños,

no quiero irme sin bailar.

No quiero celebrarlo sentado en una esquina,

aburrido viendo a los demás bailar.

Yo quiero bailar, estar en el follón y,

si por cualquier razón ya no pudiera moverme,

quisiera morirme celebrando podrido en Chagas,

que me crezca to’ por dentro,

que me reviente el corazón de felicidad,

Y al día siguiente,

cuando amanezca oliendo a piel,

un domingo cualquiera,

llegarme a la sombra de una parra,

dar golpecitos rítmicos con el bastón,

que me traigan una humilde mesa de madera,

unas sillas de paja

y una botella de vino que huela a Galicia;

verme rodeado de mis  hijas orientales,

de cabellos negros y ojos azulados,

rodeado de mis novios cuando eran jóvenes y absurdos,

descalzos y despeinados,

llenándome el vaso de vino,

encendiendo cigarrillos,

moviendo el culo sonrientes y,

de vez en cuando,

que mirasen hacia la montaña verde y,

suspirando,

agradecieran la vida.

 

Y gritarles a todos,

porque me da la gana:

“¡Moved el puto culo, haraganes!”

y luego colmarles de besos,

decirle a todos:

“Iros, iros lejos de mí,

por el mundo a enamoraros,

enamoraros cada día”

porque son mis críos,

porque yo les vi crecer,

les vi crecer las tetas,

les vi florecer el pecho,

porque les conozco,

porque quiero que sean felices desnudos por ahí.

Les daría palmaditas en el culo,

les revolvería los cabellos,

les diría a todos cuánto les quiero,

-aunque sean imaginarios-,

aunque esté rodeado de gatos y perros,

vería a todos mis fantasmas y les preguntaría qué tal les fue,

porque a todos les quise,

porque a la mayoría les amé.

Hablaría con todos ellos,

mientras se comen mi parmesano y se beben mi vino,

les aconsejaría, tarde, pero les aconsejaría

porque a mis ojos seguirían siendo todos bellos.

Les rogaría que vivieran en constante euforia porque es la única manera decente de vivir.

“Comed, bebed, follad,

dibujad sonrisas en la arena,

leed, leed mucho,

haced amigos,

haceros enemigos que no valgan nada, que den pena negra,

odiad mucho a los abogados maleducados,

odiad a los comerciales arrogantes

y a los policías que se parten el culo defendiendo al fuerte,

regalad vuestras ropas,

abandonad trabajos que no van a ninguna parte,

iros de donde no merecen vuestra sonrisa,

no gastéis un puto minuto en recordar lo mucho que trabajasteis porque eso es de miserables,

deteneros un segundo,

oid a Mayte Martín,

oid flamenco y saborearlo.

quejaros,

quejaros mucho,

pero hacerlo con sentio del humor.

Soñad,

reíros de vosotros mismos,

haced el tonto que,

por más que pasen los años,

seguiréis haciendo las mismas tonterías de quinceañera.

Haced que valga la pena equivocarse.

Escribid,

haceros fotos hermosas,

bailad sin razón,

cantad aunque lo hagáis mal,

soñad con un mundo inocentemente mejor,

soñad al menos,

desnudaros en el mar

nadad en aguas frías,

sentid la sangre fluir.

Sentid,

aprender a meditar,

aprender a desdoblaros,

aprended a volar,

descubrir vuestra espiritualidad,

porque sois vuestro propio camino.

Dejaros caer en la galaxia de Aiwass,

porque habéis venido a ser felices,

aplastad sin culpa a quien os diga lo contrario.

Haced una fiesta cuando muera,

disfrazaros,

haced la mamarracha,

haced un photocall,

escuchad las canciones que me gustaban

porque cada una la elegí pensando en vosotros,

porque dedique mi vida a construir nubes

porque dediqué mi vida a construir recuerdos,

porque me gaste la última peseta en viajar y,

si más hubiera tenido, más hubiera gastado.

Os hubiera comprado patios cordobeses,

Barcas abandonadas en Cádiz,

vestidos de flamenca pa la feria de Málaga,

voces de pajarito  que cantaran por Antonio Molina,

en películas malas pa que luciérais palmito en la Gran Vía de Madrid.

Me lo hubiera gastado todo pa veros sonreír.

Saboread la música,

que suene en cada amanecer:

 “Le gustaban pocas cosas”

que no suene ninguna canción que os recuerde a señores exitosos,

que no suene nada que os recuerde a quien no conoce el sabor del eneldo ni el aroma de la albahaca.

No temáis nada en absoluto:

ni temáis a los hombres ni los hados,

ni a los dioses ni a nada,

no temáis al dinero,

ni a la carcajada de la gente estúpida,

tampoco a poder celestial alguno,

terrestre, subterráneo.

No os quedéis dormidos esta noche,

bailad hasta tarde,

bailad mientras me retiro a hurtadillas,

so pena que despertéis en lo alto de una pirámide

junto a una anciana aturdida y jipjopera que os pida un lexatin.

Porque “Venid a mí”

es una frase estúpida,

porque soy yo quien va y os besa,

porque soy Pazuzu,

porque siempre os amé.

(*) Contiene un trozo de “El Libro de la Ley” de Alesteir Crowley, 1904.

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