NO TI RÍAS DE LAS DISGRACIAS AJENAS

            Se rieron de él toda la vida. Hasta su perro se rió. Dijeron que tenía las orejas como Dumbo y que iba a estar gafado toda la vida. Y así fue. El día que nació dijeron en la tele que nevaría y al final no nevó. Eso le marcó la vida: prometía mucho y al final se desinfló como un globo colorín.

De mayor se hizo payaso porque estaba convencido que en el alma llevaba una nariz roja.

El día más feliz de su vida fue cuando se compró en una tienda de mascotas al pequeño Micoloro, un perro mastín enano, albino y peleón. Él era un payaso, pero no por eso no iba a tener una vida glamorosa. Intentó mil y unas veces enseñarle modales, algún truco, algo que le valiera para hacer carrera del perro, pero no lo consiguió. Cada vez que venían sus amigos payasos a comer risketos a casa, el perro les espantaba a todos por el callejón. Ese callejón daba miedo, era como el de la niña del Exorcista.

Lo más triste que al payaso nunca nadie le llamó por su nombre y acabaron llamándole por el nombre del perro, “Micoloro”, y eso que el bicho no quería tener fama, ni talento, ni nada. Sólo quería morder a su amo de la manera más vergonzosa como venganza por haberle dejado vivir como un mastín enano que no valía para nada.

El segundo día más feliz en la vida del payaso fue el día de su boda. Se casó con una mujer que estaba como una cebolla. Al salir de la iglesia les tiraron cacahuetes en vez de arroz y en el hotel, de la noche de bodas, no le aceptaron la tarjeta de crédito del Banco Popular y tuvieron que regresar arrastrando los trajes de novios por la autovía a casa. Hacía un frío que pelaba así que le metieron prisa. Cuando llegaron al que iba a ser su hogar encontraron a todos sus amigos payasos del circo pegando las copas al techo, llenándoles la cama de azúcar y escondiendo al perro en la nevera junto a las lechugas. Al pez de la pecera le había dado de comer albóndigas y con el tiempo se murió de depresión. Esa noche no durmieron. El lunes volverían al circo a trabajar y el domingo se le hizo eterno como viaje de bodas a ninguna parte.

Después de un año se separó de su mujer y se puso a vivir en un piso de veinte metros cuadrados con el perro y una lámpara de pie que fue lo único que la cebolla le dejó quedarse. Le despidieron del circo, pero a él eso le dio igual. Tenía un perro, que cada vez que podía, daba un brinco y le mordía la oreja.

En sus ratos libres intentaba enseñarle algún truco al bicho, pero no había manera. El perro le miraba con odio como pidiéndole que acabara con su existencia de enano corto de ruedas, pero él no le hacía caso. Le trataba como a un niño malcriado. El truco de pasar por el aro jamás lo quiso aprender.

–  To-to-todos van a ir de campamento de perritos menos tú-tu-tu: los perritos de los 101 dálmatas, los hijos de la da-da-da-ma y el vagabundo y el perro de Ti-ti-ttintín. Todos menos tú- Y el perro le mostraba los dientes y se le lanzaba a la cara a morderle la oreja otra vez.

Tenía un vecino mejicano que chupaba chochitos todo el día –ya sabéis, pastillas del homeópata porque era oligofrénico y ladrón-, pero nunca le hicieron efecto. El payaso acababa todos los días llamando a la puerta del vecino para que le regresara la maceta del gladiolo que coqueta adornaba su puerta.

Una temporada le dio por trabajar de estatua humana, pero eso no fue a ninguna parte. Acabó en la cárcel por pelearse con Dora la exploradora y con Bob Esponja en la Puerta del Sol mientras un gordo italiano vestido de hombre araña intentaba separarles gritando eres un criii-mi-naal, un criminaaaal.

Un día conoció a una chica, hermosa, hermosa como la luna. Era tímida, tímida, pero hablaba por los codos porque con él se soltaba las trenzas. Ese día el perro estaba malo en casa, así que no le sacó a la calle y pudo dar un paseo tranquilo. Fue un día perfecto. Se sintió con fuerzas de invitar a la chica a tomar un café y estuvieron hablando de sus cosas hasta entrada la madrugada. Fueron de cafés, luego de bares y luego por Huertas. Se enamoró.

Y es que era flotar en el aire oírla hablar. Él estaba encantado aunque ella sólo decía tontunas:

      “Anoche fuimos con una amiga polaca a un concierto de música clásica y un amigo me mandó un video de su perro haciendo cacota, luego me distraje y en pleno segundo acto me di cuenta que en la orquesta había una gandula que en todo el concierto na más que tocó el gong. El resto de la concertina estuvo con el culo en una banqueta aburrida con los brazos cruzados sobre el pecho como Nefertiti. Dos veces estuvo a punto de venirse al suelo de hocico, pero el gandul de al lado, el del xilófono, la despertada hincándole una batuta en el chipke. En general el concierto estuvo divino ¡Me encantó! Luego nos fuimos a la escuela donde estudio chino a celebrar el año nuevo del dragón y en un sorteo me tocó un tapete de esos que se pegan al suelo para hacer meditación trascendental. Luego estuvimos comiendo como bestias y bebiendo piyou toda la noche hasta quedar tiradas. ¡Todo muy zen! ¿Alguna vez te has cogido un pedal de esos no buscados? ¡Pues a mí me pasa casi siempre!. Luego un par de chinos salidos nos invitaron a una fiesta clandestina cerca de la Gran Vía y para entrar había que entrar diciendo una contraseña que nadie sabía así que los cuatro nos pusimos a cantar villancicos; bueno, nosotras dos porque los chinos no se sabían ninguno así que le cantaron el cumpleaños feliz al portero hasta que nos echó por gilipoyas. ¡Fue divertidísimo! Acabamos en Huertas de copas en el bar de una colombiana que nos besaba a los cuatro en los labios y a una chica peruana que se peinaba sentada con las piernas cruzadas sobre la barra. El sitio estaba lleno de heterosexuales que olían a tocho y a gato mojao. Como nos vieron entrar con dos chinos pensaron “esta es la nuestra y hoy triunfamos” así que se nos acercaron intentando arrimarse, pero no les hicimos caso porque los heterosexuales para ligar son más lentos que el caballo del malo. A las cuatro de la mañana dejamos a los chinos en el bar cantándole la cucaracha a la peruana que cantaba con un micrófono de karaoke y nos fuimos. Mi amiga polaca se fue a casa porque se le puso la cara amarilla difteria. Yo me perdí por las calles buscando otro bar a ver si podía cogerme otro pedal, pero nada. Nadie me dejó entrar. ¿Sabes que yo fui una mujer super famosa? Yo era chelista, tocaba el chelo, hasta que lo empeñé en el cash & convert. Yo triunfé en Tomelloso y en Villanueva de Tajuña. Allí batí el récord de la mujer que más cervezas ha bebido sin romperse la crisma contra el arcén. Incluso salí en un periódico de unos fachas. Dijeron de mí que como chelista era excelente, pero como persona no valía un níspero. Otro dijo que tenía vida de drag queen ¡cómo si eso fuera un insulto! Pobre, pobreta, me decían por las calles. Y bueno, eso… ¿Y tú qué te cuentas?”

 

Y el payaso embobado con un hilillo colgandero por el mentón. No supo qué decir. Llevaba meses sin que nadie se le acercara y le hablara porque sí. Cogió su chaquetilla violeta, se bebió el culillo de la última cerveza, le compró una flor a la chica –de esas que venden los indios en los baretos ataviados con gafas y luces por las orejas-, y se marchó. Ese día se convenció que él valía mucho.

Al otro día tenía una entrevista de trabajo, así que se puso el despertador, encerró al perro en la bañera del baño y se fue a la cama con una sonrisa en el rostro. Al día siguiente se quedó dormido, pero fue a la entrevista porque era payaso de los responsables.

A la semana le llamaron ¡Le habían cogido! Por fin dejaría atrás una vida entera de estrecheces y, si todo iba bien, podría mudarse de ciudad y alejarse de la cebolla que sólo le quería para cobrarle la pensión y gastársela en las maquinitas. ¿Qué podía salir mal?

Su primer día de trabajo fue tranquilo. Era un call center en un polígono perdido. Todos fueron muy amables y nadie dijo nada porque llegó oliendo a mono al trabajo –no tenía dinero para el metro así que se fue caminando- dos horas para ir, dos para volver, pero estaba feliz. A la hora del almuerzo se comió las uñas y sus compañeros le hicieron un hueco en la mesa del comedor. Se sintió uno más, jodido, pero uno más. No hacía más que pensar en Micoloro y en que estaría comiéndose el sofá, pero se tranquilizó cuando uno de sus jefes se sentó a su lado y le ofreció un yogurt caducado. ¿Tú qué tal? –le preguntó-, ¿qué tal tu primer día? Y el ex payaso hizo memoria y se soltó como cuando un globo suelta el aire:

“Po-po-pos bien –dijo tartamudeando (¿He dicho que era tartaja?)-, que-que-k-k- estup-p-pendo tototodo”. Y se enmudeció muerto de la fatiga.

Todos los de la mesa se le quedaron mirando hasta que los colores le bajaron y le volvieron a subir, luego siguieron a sus cosas.

El día transcurrió tranquilo. Sólo recibió la llamada de un niño que quería ponerle nombre a un delfín, la de una señora mayor del Jurásico que quería hacerse un plan de pensiones con efecto retroactivo, y la de un segurata de la guardia Real exigiendo que le restituyeran el servicio del cable por impago al Rey para que pudiera contratar una porno –que en el fondo era pa él. Todo normal.

Por la noche llamó a su chica que le respondió con voz de ultratumba y se pegó el auricular a la oreja hasta caer dormido como una piedra.

La chica no paró de hablar como siempre, pero su voz era un bálsamo resacoso.

“Me acabo de despertar. No, mentira, me desperté hace un rato. Una amiga me mandó un wassap para contarme que estaba en el funeral de un facha en Chile y que estaba aburrida de muerte así que comenzó a transmitirme todo lo que veía: que era el responso de un militar de la dictadura que por fin la había pichado y que eso estaba lleno de enanos y nietos fachitas como el abuelo, que leían discursos y vestían como marineritos: como en una comunión de vejestorios. Luego me empezó a contar que se volvía a España porque había muerto un vecino suyo, que se había lanzao por un puente y había caído sobre un chaval de esos de la patineta de colores satánicos. Así que, aunque estaba descojonada por el funeral del momio, sentía algo de pena por su vecino porque se lanzó del puente vestido de mujer y en las noticias de internet dijeron que era un siquiátrico que se había escapado. ¡Todo por no decir que era mariquita orgulloso! Que a veces también le daban pena los periodistas del Mundo que manoseaban las noticias y las ponían al gusto de la Esperanza Aguirre y la Botella para ver si así les ascendían o les pagaban más, pero nada. Oye y cómo te contaba la otra noche: buscando, buscando otro bar dónde meterme para seguir chupando di con uno que tenía un gorila que olía a Axe que me dio un empujón como si su bar fuera la Moncloa. ¡No veas lo aguerrida y circunspecta que me puse!. Me acordé de un amigo cubano que en una disco de chachis se peleó con uno que le puso el cubata de sombrero; como era mariquita, le sacó lasuñas y le metió dos zarpazos. Se puso bien de la Habana vieja, bajitica, bajitica ¡No veas el pollo que montó! Vino la poli y se los llevó a todos, especialmente a mi amigo por tirarle los tejos a un poli… viene y le dice en toda su sanguchera que parecía tonto con la porra en la mano amenazando a un grupo de maricones perfectamente capaces de romperle las piernas… y se los llevaron a todos pero sólo a él le dijeron que se lo llevaban por gilipoyas, al resto no les dijeron na. ¡Uf, me he perdido! ¡Ah, me acordé! Que podríamos quedar el finde, me gustaría ir al museo de cera, ése bien horrible que hay en Colón para ver en qué cubo de la basura han tirao la figura de Urdangarín ¿te mola el plan? ¿Y qué tal el curro nuevo? Yo una vez curré, en Valencia –que es el eje del mal-, pero duré dos telediarios. El día que me echaron me dijeron que nunca más en la vida llegaría tarde a un trabajo, como dándome una lección, y no me dejaron explicarles que me había cogío un taxi para llegar pronto, pero que al taxista le había dado un telele y tuve que llamar por radio a una ambulancia y hacerle el boca a boca ¿te lo puedes creer? En mitá de la calle, con el taxi ostruyendo el tráfico y yo espatarrá culo arriba intentando reanimar al hombre aquel que no hacía más que morderme la lengua… ¿Oye a ti te gustan los perros? ¡A mí me encantan! Tengo un perro enamorao que se mea cuando ve la tele y un gato que persigue a los perros y que se trepa a los árboles. Mi vecina siempre me está gritando que me baje del árbol cuando intento coger al gato ¡bájate de ahí vieja loca!, me grita, pero yo no le hago caso. La vida de mi gato está primero. A mi vecina le dicen la bisagra porque vive pegá a la ventana y a la puerta ¡No vea que cotilla! ¿Y bueno, tú qué tal? ¿Oye, oye, no te habrás dormío mientras te hablaba? ¡Ya no quean cahalleros! ¡Será posible!”

 

Y el payaso dormido con un hilillo colgandero por el mentón…

Al día siguiente se encontró la ventana de la cocina que da al patio interior, por donde a veces veía al mejicano chupando chochitos, abierta de par en par. El mejicano estaba tirado en el salón y a Micoloro, el perro, encima de su cuerpo mordisqueándole la oreja. El payaso se asustó. Cogió el teléfono y llamó una ambulancia, llamó a la policía y a la guardia civil. Vinieron todos, pero tardaron. Antes que llegaran se puso los guantes de fregar los platos e inspeccionó el cuerpo del mejicano. Tenía la boca espumosa. Le habían envenenado. ¿Pero por qué en su casa? ¿Quizá intentó robarle y el perro le detuvo, le mordió y le pegó la rabia bubónica? ¿Era eso posible? ¿Así? ¿Tan rápido? El payaso miró por todas partes y no encontró más que un boli mordisqueado y una nota escrita empuñada en la mano de la víctima. Extendió el papel y se asustó. Abrió la puerta del piso, dejó al perro salir hacia el portal para que huyera detrás del primer vecino que fuera saliendo al trabajo a esas horas y se sentó en el sofá.

Y el payaso pensando con un hilillo colgandero por el mentón sobre lo que podría haber pasado en su salón, con su perro y su vecino, mientras él se dormía al teléfono escuchando a su novia abstemia…Se sintió como la madre de la niña del Exorcista.

Puso la tele. Ese día la oligofrénica del telediario decía que iba a nevar, pero no nevó ¡El colmo de la mala suerte! Abrió la ventana del salón. La policía ya estaba golpeando a la puerta. Apretó los puños y se lanzó hacia la calle con tan mala suerte que acabó espatarrao sobre un jabalí que huía del circo de Legazpi. Ambos murieron en el acto: el payaso por el golpe sobre el lomo del animal y el jabalí porque del susto se mordió y se atragantó con su propia lengua. Cuando la policía llegó hasta donde estaban ambos cuerpos encontraron en el puño del payaso una nota escrita a mano que decía: “Ha sido Micoloro”

El perro miraba la escena entre la multitud. Escapó entre la gente con la lengua colgandera sintiéndose vengado por llevar una vida de mastín enano, que el payaso cobarde nunca remedió, los días que le paseaba por el parque para que los otros perros se rieran de él.

Al día siguiente salió la noticia en las noticias del metro y la gente quedó convencida que había muerto el payaso Micolor que vendía detergente para la ropa. Se armó tanta trifulca que el actor que hacía de Micolor tuvo que dar una rueda de prensa para decir que estaba vivo.

De la chica abstemia se sabe que recuperó su chelo del cash & convert y se fue a vivir a Laponia donde vive bajo un puente. De la cebolla se sabe que ahora trabaja en el circo de Legazpi -aquel donde se escapó un jabalí- y que cobra en la taquilla. Del perro Micolor nunca más se supo nada… aunque por ahí en internet he visto por las mías un anuncio de su nuevo dueño buscándole novia perruna, de preferencia enana, por un asunto técnico-reproductivo.

 

 

 

 

 

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