LOS RUIDOS

De joven los ruidos no me asustaban
hoy el perro enmudece a los pies de la cama
y se gira dándome la espalda.
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Aulla
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El ruido de la cañería arrastra recuerdos de cómo sonaba el agua arrastrando patas de gallinas degolladas
Antes se tiraba todo
Hoy no arrastra nada
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Pronto todos seremos viejos
Nos crecerán las uñas duras
Nos olerá el pelo a flor de plastico
Y comenzaremos los días entre crujidos
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Cenaremos callos y juanetes.
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Lanzo cosas por la ventana, grito y canto de noche,
Araño las paredes -el perro no se acerca-, y me como los granos de cemento desprendidos de los muros de la plaza.
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Doy vueltas movido por el viento
Soy un remolino en mis fauces.
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El perro se seca en mi pelo el ácido que cae del cielo.
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La máquina quitanieves pasó por aquí de largo,
Iba a la ciudad en la montaña.
Llegó la autopista y el alcohol,
Los pianos y las chicas de nariz roja,
Los trajes, los maletines, los eructos democráticos y el ron.
Se llevaron todo; primero la historia, luego los hijos
Volvieron por ellas y por sus vientres,
Cuando ya no quedó nada volvieron y se llevaron hasta las piedras.
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Hoy ellos conducen truenos, sus mujeres se inflan las tetas y sus hijos les insultan y se rebelan por nacer en la opulencia.
Cuando se pegan su teléfono a la oreja se sienten igual de solos que yo.
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La máquina quitanieves pasó por aquí de regreso buscando otra ciudad
Esta tierra es nuestra -dijeron-, y simularon democracia sin despegar los labios de los puros.
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Anoche tuve un sueño: las estatuas cobraban vida…

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“Escrito entre Fuente de la Mora y Delicias”

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