TRAMPA PARA RATONES


Si encuentra esta carta le ruego la entregue como prueba de un intento de asesinato. Me llamo Diogo y soy el hijo del alcalde. Estoy encerrado en un pozo profundo de paredes de cemento, cerca de las vías del tren a Bolivia. Aquí dentro hay un  ojo de mar. No sé cómo he llegado aquí, sólo sé que desperté pendiendo de una cuerda por el cuello, desnudo y con los pies firmemente pegados a una silla vieja. Cuando desperté forcejeé, la cuerda se aflojó de mi cuello y caí al suelo, pero tenía maniatadas las manos a la espalda. Me he roto los tobillos al caer. Estoy malherido.

Este sitio huele a podrido. A mi lado hay un par de libros viejos al que han arrancado páginas para usarlas de papel higiénico y hay un par de botellas de alcohol vacías. Estoy seguro que la trampa inicial era que me ahorcara al despertar para que pareciera un suicidio, pero algo falló y sigo vivo.

He estado gritando toda la noche pero nadie me oye. Quizá me encuentre en el medio del desierto, cerca de la costa, por donde pasan las vías del tren con mineral o algo así. Si contengo la respiración puedo oír las olas a través del ojo de mar.

He estado forcejeando hasta que por fin he soltado las cuerdas de mis manos. Tengo las muñecas ensangrentadas, la piel de todo el cuerpo en carne viva como si me hubiesen arrojado sobre una montaña de cal y la garganta seca.

He encontrado un trozo de carbón y me ha valido para escribir esta nota de auxilio cogiendo algunas hojas manchadas de marrón. Espero que no sea demasiado tarde y que alguien me encuentre.

¡Por favor ayúdenme!

Estoy intentando hacer memoria, pero todo resulta muy confuso. Sé que estaba en una discoteca con mis amigos Drago e Iya y estoy seguro que uno de ellos me drogó. Todo iba bien hasta que Drago nos habló del tal Leonardo (pregunten por él)

Leonardo es un chico de no más de veinte años que dicen que tiene mucho dinero porque es hijo del dueño de media ciudad. Él estaba en la fiesta también, en un rincón de la pista de baile. Estuvimos mirando a las chicas que le acompañaban hasta que Drago habló: “¿Habéis estado alguna vez con un chico?”, preguntó. Yo escupí la copa e Iya hizo lo mismo. Drago hablaba en serio. Yo me he liado con Leonardo, dijo, de común acuerdo porque estoy harto que las chicas busquen algo más que sexo. Me quedé sin palabras ante esta confesión. Drago luego nos explicó que podía pasar la noche en la casa de la playa de Leonardo, cada vez que quisiera, a cambio de nuevas conquistas como ratones para la serpiente (como él le llamaba).

Iya también se quedó mudo. Él sólo se dedicaba a entrenar en la piscina día y noche para los juegos nacionales. Por eso, cuando oyó lo que dijo Drago se quedó blanco, como si le hubiesen arrancado de su vida sana y le hubiesen arrojado en mitad de una orgía completamente desnudo.

Giré el rostro hacia donde estaba el tal Leonardo y le observé unos minutos. El tipo era físicamente perfecto. No entiendo cómo no me había fijado en él (me da igual escribirlo, ya poco me importa lo que piensen). Algo dentro de mí se removió como un gran sismo. En vez de pensar que había descubierto una parte de mi sexualidad dormida, me preocupó más que Drago la hubiese descubierto antes. Iya se fue a por otra copa y me quedé con Drago a solas en las escalinatas que llevaban a la barra principal. En mi cabeza sólo podía pensar que la confesión de Drago era una trampa en la que había caído. Miré hacia la barra. Iya estaba pidiendo las copas junto al barman y no pudo oír mis chillidos en la trampa para ratones.

–       ¿Cómo lo has sabido? – pregunté a Drago casi sin aire.

–       Porque los vampiros reconocen a sus iguales – dijo con una leve sonrisa en el rostro. Luego se bebió el resto de su copa y acercó sus labios a mis oídos – Él quiere conocerte…

No respondí, pero mis ojos sí lo hicieron. Volví a dirigir la vista hacia donde se encontraba Leonardo y le vi alzar su copa en señal de brindis. Drago sonreía. Vamos a dejar a Iya a su casa y luego tiramos a la casa de la playa de Leonardo, dijo Drago, ¡se muere de ganas de conocerte! Ya verás cómo se transforma en tu nuevo mejor amigo y, cada vez que no ligues, podrás ir y él no te hará preguntas, ni te pedirá explicaciones, ni te agobiará ¡es el trato perfecto! Drago tenía un extraño brillo en los ojos.

–       Pero antes – continuó – hay algo que debo decirte. Sus palabras eran tan seguras que me dio miedo pensar que no le hizo falta un “sí” para convencerme. Leonardo no acepta un rechazo. Si entras en su grupo de “amigos” no te dejará salir –sentenció-. Sé que es capaz de arruinarle la vida a los que se van de la lengua. El año pasado me enteré que envenenó al jefe de la facultad porque se metió en “sus asuntos”. Confío en que tú no cometerás una estupidez.

Asentí, pero no sabía lo que estaba haciendo.

Iya volvió con tres copas y se preocupó de darme la mía primero. Yo estaba sudando: había saltado de ser un chico virgen, al cual las chicas no hacían mucho caso, a ser objeto de deseo de un chico al cual todos temían, deseaban y detestaban por igual. Si daba un paso más sería la comidilla si alguien se enteraba, pero a la vez, sentía que estaba entrando en un mundo en clave demasiado excitante como para rechazarlo. Me bebí la copa de un trago, pero no paraba de temblar compulsivamente. Iya me preguntó si estaba bien y volví a asentir, luego dijo que se iba y que no hacía falta que le lleváramos a casa. Entonces me decidí. Bajé los escalones de la discoteca hacia Leonardo y las chicas de su séquito me abrieron paso. La cabeza me daba vueltas extrañamente. Drago estaba detrás de mí.

–       Hola – dije temblando la voz – me llamo Diogo.

–       Hola – respondió el tal Leonardo -. ¿Te conozco de algo?

Las chicas que le rodeaban se rieron antes de que respondiera.

–       Drago me ha dicho que quieres conocerme… – dije a sabiendas que lo que había dicho en público no estaba bien.

El rostro de Leonardo cambió, se tornó serio y me dijo con un tono lleno de odio: No sabes cuánto detesto a la gente borracha. Luego dirigió una extraña mirada a Drago, como si le hubiese fallado en algo y salió de la discoteca rodeado de sus chicas. Eso es lo último que recuerdo.

No sé qué ocurrió después ni cómo llegué aquí. No sé dónde está Drago, ni sé si alguien podrá alguna vez sacarme. Sé que estoy cerca de unas líneas de tren porque he oído un par de vagones pasar sobre mi cabeza. Creo que esta es una especie de estructura de cemento cuadrada de las que hay junto a las vías del tren y que usan los indigentes para colarse a dormir. Aquí dentro hay un ojo de mar semi cubierto de tablones y que estoy seguro que va a dar a la costa. He gritado tanto que dudo que alguien me encuentre por eso estoy metiendo estas tres páginas en una botella vacía para arrojarla al ojo a ver si alguien la encuentra y me rescata. Ya casi he logrado despegarme de la silla, pero tengo los pies en carne viva y dudo que pueda trepar por las paredes. Creo que es de noche porque no entra luz. Quizá han pasado horas o días, no lo sé.

Se llama Leonardo y estudia en mi misma facultad. Pregunte también por Drago. Él lo sabe todo. ¡Por favor que alguien me ayude! ¡Me arde la piel, me arde!

Anuncios