FIESTA DE DELINCUENTES

Dicen que al crecer olvidamos los días en que éramos críos. No es verdad, los recuerdos aunque escasos o, se deforman o se exageran. Muy pocos se conservan tal cual sucedieron.

Hay un recuerdo que jamás olvidaré: Recuerdo que de niño, no tendría más de cinco años, mi madre y yo nos montamos en un autobus para ir a alguna parte. Junto a nosotros se sentó una anciana y, mientras mi madre se entretenía con sus agobios de madre joven sin trabajo en una ciudad nueva, yo entablé conversación con esta amable mujer. De pronto mi madre notó, dentro de su despiste, que la anciana se sonrojaba más y más y prestó atención a lo que estaba contando:

Anoche en casa tuvimos una fiesta, estaban todos bailando: mi padre arriba de una mesa y mi madre con otros hombres ¡Estaban todos borrachos! De repente mi madre se puso a hacer una fogata con el uniforme de un militar, luego golpearon la puerta y vino la policía. Mi madre se puso a cantar para despistarles y mi papá sacó una pistola. Al final se llevaron a todo el mundo preso, pero les soltaron porque alguien tenía que llevarme al colegio, que si no…”

Mi madre se quedó perpleja con tanto disparate y me soltó una cachetada. ¡Niño mentiroso!, dijo intentando justificarse ante la anciana que ya la tenía por golfa y a mi padre por delincuente. Fue la primera vez que me inventé una historia sobre unos padres que descuidan a su hijo, se van de fiesta, se meten en problemas, pero que al final llegan a tiempo para llevarlo al cole. Ese día nació mi primer cuento hablado, alguien me escuchó y alguien lo censuró. ¡Ese día nacieron mis ganas de escribir!

A veces es bueno echar la vista atrás y recordar dónde nació todo. Mi madre sufrió una temporada larga las inclemencias de mi imaginación, pero un día la dejé descansar y me fui con mis tonterías a otra parte. Estoy seguro que ella aún se acuerda de ese día. Por mi parte mantengo vivo al niño aquel, al niño inoportuno y fantasioso que sigo siendo, y que aún me sigue metiendo en problemas.

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